Perdonar como fuimos perdonados | Mateo 18:21-35
- Juan Marcos Wlasiuk
- 1 mar
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 3 mar

Pasaje: Mateo 18:21-35
Predicador: Juan Marcos Wlasiuk
Fecha: 1 de marzo de 2026
Tema Central: La compasión inmerecida e inconmensurable de Dios como el fundamento y la obligación ineludible de perdonar a nuestro prójimo.
Idea Principal: Quien recibe de Dios un perdón sin límite no puede ponerle límites al perdón que otorga a su hermano, y quien se niega a perdonar enfrenta el justo juicio del Padre celestial al demostrar que su corazón no ha sido verdaderamente transformado por el Evangelio.
Perdonar como fuimos perdonados: La gracia incalculable y nuestra deuda cancelada (Mateo 18:21-35)
En Mateo 18:21-35, el Señor Jesús confronta la tendencia natural del hombre a contabilizar y poner límites al perdón. Ante la pregunta de Pedro sobre cuántas veces debe perdonar a un hermano que peca, asumiendo que siete veces era una medida legal generosa, Cristo deshace por completo la lógica matemática y transaccional. Con la directriz de "setenta veces siete", Jesús establece que para los discípulos el perdón no es una cuestión de cálculo, sino un estado del corazón que no reconoce límites frente a las ofensas.
Para fundamentar este principio, el sermón expone la parábola de los dos deudores. El texto presenta a un rey que le perdona a su siervo una deuda absolutamente impagable de diez mil talentos —representando nuestra inmensa bancarrota moral ante la santidad de Dios— movido únicamente por pura compasión y gracia. La gravedad del relato se revela cuando este mismo siervo, librado de un juicio justo, sale y asfixia a un consiervo exigiéndole el pago de una deuda minúscula de cien denarios. La maldad del siervo condenado finalmente por el rey no radicaba en su deuda original, sino en su absoluta negativa a mostrar misericordia tras haber recibido un perdón inconmensurable.
"El corazón que ha comprendido el perdón de Dios no lleva la cuenta. El modelo del perdón divino no es solo un ejemplo a imitar; es la razón de la obligación."
La aplicación práctica y teológica del pasaje es clara: perdonar no es una mera sugerencia, sino el deber ineludible de un corazón verdaderamente regenerado. Este perdón otorgado por Dios demandó un precio infinito, el rescate sustitutorio de la vida de Jesucristo en la cruz para satisfacer la justicia divina. El creyente, por tanto, perdona a su hermano como consecuencia ineludible de haber experimentado la gracia del Evangelio, sabiendo que quien retiene de todo corazón el perdón a su prójimo se expone a la severa disciplina del Padre.

